sábado, 5 de septiembre de 2015

Pedacitos


Ayer, al abrir la alacena, sin querer se me vino abajo el alma.

Pedacitos en el piso, en la mesada de la cocina, abajo de la cama, en nidos de palomas vecinas, en el cajón de los cubiertos, en el balcón y hasta en la ducha. 

Alma en el techo, en las paredes, alma entre discos y canciones viejas, alma en los primeros rayos de una persiana dominguera y en el espejo del ascensor .

Había tanta alma desperdigada por la casa, que no me quedó otra que mudarme el cuerpo.

domingo, 21 de junio de 2015

Sinceridades

Sinceridad Se agradece como el pan ácimo Se mastica dolorosamente Se procede a escupir un poco y se digiere lo que se pueda Se piensa en los motivos que estarían faltándonos para seguir comiendo Se pierden las ganas de comer Se espera que vuelva el hambre Se enflaquece en silencio

domingo, 26 de abril de 2015

Su adentro

Amanece
el rubio abdomen hinchado al sol
un olor a tierra mojada
el dormir de una creadora

Hay vientre en su tiempo
reclamando existencia 
alimentando  entropía

La veo multiplicándonos
pronto girará
abrirá las piernas
y Soplará al mundo

Revestimiento y ruptura.



Los zapatos inesperados, tirados en la esquina. La persiana inquieta. Un rayo luz cortando su mejilla al medio. Geométrica tiranía. Inmortalidad. Sombreros. Desayuno. Fracasos con suerte. Y yo, por un instante, al centro.


lunes, 20 de abril de 2015

Los últimos


Tu última caricia 

mi último salto

una copa rota

un último abrazo honesto

despedirse es hundirme

beso flaco y final

sin lenguas ni tiempo

tus pérdidas, las mías

siameses

esperándote siempre

aunque nunca me encuentres

aunque nunca me busques

tu imposibilidad y mi franqueza

añorando un quedáte

me regalás un andáte

un adiós pagano 

un taxi muerto

un último intento...




jueves, 9 de abril de 2015


La Otra Cicatriz



Te vi revisándote la herida

espiando el púrpura bajo la venda.

comiendo en secreto pedazos de la cáscara seca.

así, con asco y placer, sin poder hacer mucho.

solo espero que sane pronto.

la piel de la Historia.

sábado, 4 de abril de 2015

Tu rojo tan delgado, iluminado

el azul premiando

cada instante

lejos mas lejos

estiro la mano

sin llegarte

estiro un dedo

no te alcanzo

donde hace un instante

no te encuentro

reflejo de tu inmenso poder

si pudieras serme

si supiera serte

volarían

tu yo y mi vos

insuficientes en  su agonía

lunes, 30 de marzo de 2015

Desplazarme en tu todo, dejar que mi lengua y la tuya entiendan las carnes en su gama de colores, sabores y sudores, reptar para ingresar, reptar para salir, percibir los fluidos dulces, salados, agrios y cálidos brotar, disolverse, pegotearse, enfriar y secar. Dejarme en vos las partes y quemarme al verte relamer aquello que fui. Deslizarme otra vez llenando tu irremediable vacío, reencontrarte por detrás y finalmente caer fundido a tu dominio, sacudir sabanas manchadas y reempezar el juego. No hay espacio ni tiempo, solo un parentesco sagrado.

Fragmentos Operación Karma

sábado, 7 de marzo de 2015

Cayendo

Hace exactamente 53 años, concluía el mes de febrero de 1962 y en un programa de la TV yankee, el cantante de country Hank Locklin interpreta "Por favor ayudáme que caigo (enamorado de vos)", en tanto que una hermosa Skeeter Davis le responde "No puedo ayudarte querido, yo estoy cayendo también".


domingo, 8 de febrero de 2015




El mago: instrucciones autorreferenciales para soltar y lanzar

Aprender a desprenderse de algo que está podrido, es la lección, una de ellas al menos. Al igual que esa vez, con aquel osito rojo que se me cayó a una zanja, durante una inundación en mi ciudad natal.

Mi madre me obligó a desprenderme de ese oso, lo mismo que de aquel perro paralítico y enfermo que rescaté de las calles. La persistencia de ciertos afectos es contradictoria, pero si debe prescindirse de ellos, uno debe aprender a hacerlo bajo el influjo de la auténtica voluntad.

Así debe dejarse ir, y no esperando o buscando inconscientemente un acto sustituto de aquel mandato materno que castre la propia decisión.

Aprender a soltar, hacerlo sin abrigar una carta escondida, sin especular con futuros retornos, asumiendo que esos brazos, con la suficiente fuerza para aflojarse y dejar ir, nunca más abrazarán aquello que hoy sueltan.

Cuando las cartas están servidas, la mesa esta tirada y las vueltas son tan eternas, si no se sale del remolino de forma ascendente y concéntrica, solo se llega a la asfixia.

Por último, y llamando la atención sobre el carácter doble del abandono, recuérdese también, que puede uno terminar encarnando aquel peluche rojo tirado en una cuneta,  llegado ese punto a no desesperarse, compréndase que es mejor ser convertido en el olvido de alguien, que en su odio.


jueves, 5 de febrero de 2015



Ayer amanecí en Venecia  

Soñaba con vos hasta que te interrumpieron las campanas

“Queridoooo te despertaron las campanas del señor!!!!", dijiste

Los canales congestionados de embarcaciones se inundan de bocinas

Nada que envidiarle a Buenos Aires

Te conté del mural donde vi a Beatríz, te comparé con ella

“Pintores eran los de antes”, argumentaste

Salí a caminar

Otra vez las campanas

Otra vez vos

Otra vez las bocinas

Los pibes de Venecia no usan bicicleta


viernes, 23 de enero de 2015

Escribir desde el olvido
desde la banquina de su vida
Dejar postales en la nada

Nunca me mintió
mala función la última
Peor guión

Reconocerse como un extra

Tras creerse un protagonista

Saborear el sufrimiento
mucho mejor

Antes que el olvido
Escena repetida
mejor el dolor

La efectividad del tiempo
Un corte publicitario
la maravilla del silencio

Sin olvidarla
Renacer, renovar, retomar 

En algún lugar
más allá de la nausea
la obra sigue


martes, 6 de enero de 2015




Fragmentos del Capitán Mambrino

Solo estuve unos días ahí, pero tardé en salirme años y aunque idealicé la isla, en mi recuerdo se fragmentaban sus momentos y detalles, reencontrarla me era imposible y ningún mapa me permitió jamás redescubrir su ruta.

Así las cosas, no me quedó otra opción, que obligarme a recordar lo peor, con el objeto de menguar el deseo de regresar a ella.

Intentaba que en mi memoria, aquel vergel permute en un infierno tropical, o a veces, con más pragmatismo, simplemente aspiraba a recordarlo de una manera equilibrada.Especulaba  y concluía que, si me hubiese instalado allí unos 9 o 18 años, la rutina se hubiera fortalecido de tal manera, que el margen de sorpresa ya no existiría, provocando que cada rincón mágico se transforme en un lugar de aburrimiento, entre tantos.  Asumía que la isla, era después de todo una simple porción de tierra sobre el mar, probablemente de las más exóticas en esta parte del mundo, pero una isla al fin.

En ese plan, también decidí  entender que su particular geografía era reemplazable y consideré que otras tierras, similares o acaso mejores, no estaban lejos. Tal vez ni siquiera necesitaba una isla, podría animarme a indagar en las brumosas costas del este y abordar eso que llaman continentes, vastos  y seguros, interminables como el cielo.

Pero tardé años en lograrlo y no del todo, aquel vínculo con el terruño flotante, que en principio partió de la sana y desapasionada pasión científica, se había sexualizado, esa isla,  promotora de mis viajes, mojada musa de mis jornadas marinas, ya no era un rincón más en estos mapas, sino un espejo de mi todo.

Su volcán rubio y fumador, evocando en cada bocanada las entrañas de la tierra, rugía tan fuerte como las maternales tormentas que me acompañaron durante mis primeros días en la cueva. 

A veces, de noche, juntaba valor e iba a sus playas bañadas de sirenas que no dejaban de mirarme, una vez, creo, me enamoré de una.  La cueva fue un breve hogar, hospitalarias y húmedas, sus paredes eran mis pantallas, en ellas el moho, la lluvia y los rayos, formaban las más variadas y perturbadoras imágenes, pero cada tanto, también encontraba una maravilla, como cuando esa especie de mujer....(fragmento perdido)

...nunca tuve oportunidad de volver a verla, pero su silueta y silencios me acompañaron durante siglos, luego del episodio, me refugié nuevamente en la cueva, hasta que cinco días después vi un bergantín no muy lejos, unas personas gritaban mi nombre en la costa, comprendí que el Tarquinia pasaba a buscarme.


Ya en otro mundo y pasadas unas lunas, tuve por suerte dimensionar, que no era yo el que se había ido, sino que la isla demandaba un nuevo naufragio.



Capitán Mambrino. Diario sobre mares y dragonas, fragmentos.








  Atardecer sobre el Tirreno, Ladispoli, Italia.

viernes, 2 de enero de 2015



                                                          Diablo azul. Darío Ávila
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El policía del karma tiene una doble personalidad implacable, una paciencia y una pertinacia admirables. Décadas después, los mismos personajes, la misma obra, roles alterados. Perfecto y circular, literariamente efectivo, con la bella crudeza de lo inevitable.