domingo, 8 de febrero de 2015




El mago: instrucciones autorreferenciales para soltar y lanzar

Aprender a desprenderse de algo que está podrido, es la lección, una de ellas al menos. Al igual que esa vez, con aquel osito rojo que se me cayó a una zanja, durante una inundación en mi ciudad natal.

Mi madre me obligó a desprenderme de ese oso, lo mismo que de aquel perro paralítico y enfermo que rescaté de las calles. La persistencia de ciertos afectos es contradictoria, pero si debe prescindirse de ellos, uno debe aprender a hacerlo bajo el influjo de la auténtica voluntad.

Así debe dejarse ir, y no esperando o buscando inconscientemente un acto sustituto de aquel mandato materno que castre la propia decisión.

Aprender a soltar, hacerlo sin abrigar una carta escondida, sin especular con futuros retornos, asumiendo que esos brazos, con la suficiente fuerza para aflojarse y dejar ir, nunca más abrazarán aquello que hoy sueltan.

Cuando las cartas están servidas, la mesa esta tirada y las vueltas son tan eternas, si no se sale del remolino de forma ascendente y concéntrica, solo se llega a la asfixia.

Por último, y llamando la atención sobre el carácter doble del abandono, recuérdese también, que puede uno terminar encarnando aquel peluche rojo tirado en una cuneta,  llegado ese punto a no desesperarse, compréndase que es mejor ser convertido en el olvido de alguien, que en su odio.


jueves, 5 de febrero de 2015



Ayer amanecí en Venecia  

Soñaba con vos hasta que te interrumpieron las campanas

“Queridoooo te despertaron las campanas del señor!!!!", dijiste

Los canales congestionados de embarcaciones se inundan de bocinas

Nada que envidiarle a Buenos Aires

Te conté del mural donde vi a Beatríz, te comparé con ella

“Pintores eran los de antes”, argumentaste

Salí a caminar

Otra vez las campanas

Otra vez vos

Otra vez las bocinas

Los pibes de Venecia no usan bicicleta